“Ha hecho, en verdad, un trabajo impecable de orquestación, de instrumentación, de distribución de volúmenes y elementos, en un lenguaje atonal no exento de células o centros de atracción. […] García Román […] ha logrado una partitura muy importante, de fuerte impacto, que combina hábilmente lo dramático y lo lírico y que por lo general, nos mantiene en vilo”.